La culpa es una creencia errónea de efectos devastadores. De mane-
ra oculta e insidiosa, envenena la existencia y sumerge a la persona
en un pozo de apatía y en una dinámica en la que ve saboteados sus
mejores propósitos y bloqueada su confi anza. La culpa encierra a la
persona en una espiral de miedo que fácilmente trunca la confi anza
y agosta la alegría: la culpa cercena de raíz la alegría de vivir. Y con la
culpa, el castigo: otra creencia generalizada que contamina y envene-
na, bloqueando la capacidad de amar.
Liberarse de ellas requiere, a la vez, un trabajo psicológico que tra-
duce la culpabilidad en responsabilidad, y un trabajo espiritual que
desvela su error radical. El resultado es la liberación del miedo y la
recuperación de la confi anza: el regreso a la inocencia.
Desenmascarar la mentira de aquellas creencias amplía el horizon-
te, ensancha el corazón, hace saltar las barreras del laberinto men-
tal que constriñe y nos permite reconocernos como vida que fl uye y
juega en libertad. El miedo y el egocentrismo, sostenidos antes por
la culpa y el castigo, dan paso a la confi anza y al amor. Y una vez más
constatamos, por experiencia propia, que solo la comprensión libera.