Un personaje dialoga con un desconocido frente a la playa de Chucuito.
Al calor de unas cervezas, le cuenta su vida y la de sus antepasados,
mientras se interroga por el devenir de la historia peruana en estos días
inciertos de pandemia y crisis política. En otro escenario —entre la vigilia
y el sueño— un hombre cree ver el mundo en blanco y negro, mientras el
distanciamiento social y el silencio se apoderan de la ciudad. Y en épocas
pasadas, una mujer llegada de algún lugar de Europa se instala en un
viejo hotel y alborota las costumbres de una conservadora y pueblerina
caleta de pescadores.
Bruno Podestá vuelve a su personaje Nicolò Cincotta para recrear las
agitadas existencias de un puñado de migrantes genoveses, sicilianos y
calabreses llegados al Callao. Seres que viven entre recuerdos familiares,
misterios, ajustes de cuentas, avaricias y sueños truncos, pero siempre
con la mirada puesta en ese horizonte marino, en esa brisa húmeda que
los atrae y a la vez los impulsa a descubrir nuevos mundos.