Hola, Princesita de Sergio López Perea es un libro inquietante, perverso, irreverente, que remece los cimientos de la aparente confianza en el ser humano y sus "ilimitadas posibilidades de hacer el bien". Como una serie de paisajes macabros puestos en escena, desfilan personajes extranos, situaciones inverosímiles, mostrando ese lado oculto del hombre, disfrazados de manera grotesca por la cultura y la civilización decadentes. López Perea sabe que la literatura no es un muestrario de bondades, pues para ello están los catecismos religiosos o los manuales de de autoayuda o superación (aunque el titulo puede ser enganoso, pues remite a Ojos de mi princesa, de Carlos Cuahutémoc Sánchez); muy por el contrario, entiende que una de las funciones de la literatura, si esta la tiene, es desestabilizar todo orden establecido, ser fuente de insatisfacción o buceo fatigante en las profundidades del ser humano, extrayendo de el no joyas relumbrantes sino siniestras piedras negras nauseabundas, que quiérase o no conforman y perfilan nuestro ser. La ternura de algunas paginas, rapidamente, como flores aromáticas regadas en el piso, son violentadas y destrozadas por los violentos vientos de la miseria, el pesimismo y esa inagotable capacidad de regodeo en hacer el mal. Es por ello que Lopez nos ofrece una cruda descripción de la realidad, de esa unica realidad que gracias a su imaginación ha sido audazmente hiperbolizada, haciéndonos entender que, parafraseando una canción de Marilyn Manson, la existencia humana es un largo y duro camino no fuera sino dentro del infierno, que es la vida misma.